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Nuevas etapas, nuevos desafíos

¿Y si aquello que más preocupa a las familias no fuera la pantalla, sino lo que representa?

Y es comprensible. Porque cuando hablamos de tecnología solemos pensar en móviles, tabletas o redes sociales. Sin embargo, detrás de esas conversaciones suele esconderse una preocupación mucho más profunda: cómo acompañar a nuestros hijos y a nuestras hijas cuando comienzan a mirar cada vez más hacia fuera y menos hacia dentro de casa.

Las películas familiares suelen hablar de mucho más que de sus personajes. La última entrega de unos juguetes que cobran vida, vuelve a poner sobre la mesa una situación que miles de familias reconocen: el momento en que la niña pide una pantalla porque sus amigos y amigas ya la tienen.

 

Cuando crecer significa cambiar de referentes “hay un amigo en mi”.

Durante los primeros años, el mundo de los niños y las niñas gira principalmente alrededor de la familia. La imaginación e inocencia ocupan un lugar privilegiado. Los juguetes, amigos imaginarios acompañan, consuelan y ayudan a comprender su realidad (aviso al equipo parental, a veces no coinciden con nuestras realidades de personas adultas).

Pero crecer implica cambios

Llegan las amistades importantes, las comparaciones y el deseo de pertenencia. Los hijos y las hijas comienzan a observar lo que hacen los demás, a preguntarse por qué otros tienen cosas diferentes y a buscar su lugar dentro del grupo. «No soy un juguete, soy un amigo»

Lo que antes era suficiente deja de serlo. No siempre por capricho. Muchas veces porque necesitan sentirse que son una pieza importante del puzzle.

Cada etapa trae consigo nuevos desafíos. Primero fueron los amigos imaginarios. Después llegaron las primeras amistades, los conflictos y la necesidad de ganar autonomía. Ahora, para muchas familias, el nuevo desafío tiene forma de pantalla.

El dilema de las familias

Cuando un niño o una niña pide acceso a una tableta, un móvil o una plataforma digital, las personas adultas suelen encontrarse ante una decisión compleja.

Por un lado, desean protegerlo de los riesgos asociados al mundo digital (que aun a día de hoy desconocemos). Por otro, temen que quedarse al margen de determinados espacios dificulte sus relaciones sociales.

La pregunta ya no suele ser si los hijos y las hijas utilizarán la tecnología. La cuestión es cuándo, cómo y con qué acompañamiento lo harán.

Las respuestas simples rara vez funcionan. Prohibir sin dialogar puede generar distancia (romper vínculos afectivos). Permitir sin supervisar puede aumentar los riesgos. Entre ambos extremos aparece la verdadera tarea educativa: acompañar, estar de una forma consciente.

Cuando la pantalla no siempre es el problema

Con frecuencia, las conversaciones familiares se centran en cuánto tiempo pasan los niños y las niñas delante de una pantalla. Sin embargo, las preguntas más relevantes suelen ser otras. ¿Qué encuentran allí que consideran tan importante?

¿Buscan relacionarse con sus amigos y amigas? ¿Aprender? ¿Divertirse? ¿Sentirse parte de un grupo? ¿Escapar de emociones difíciles?

Comprender la función que cumple la tecnología en la vida de cada niño o niña suele resultar mucho más útil que centrarse únicamente en el dispositivo.

La discusión, en realidad, no es tecnológica. Es emocional.

 

La importancia de seguir estando presentes “Siempre hay espacio para un amigo más”.

Cuando los hijos y las hijas comienzan a interesarse por nuevos espacios, nuevas amistades o nuevas tecnologías, muchas personas adultas sienten que pierden influencia. Sin embargo, la presencia parental sigue siendo fundamental.

Escuchar, interesarse por lo que hacen, establecer límites coherentes y compartir tiempo de calidad continúan siendo herramientas insustituibles.

Los juguetes de la historia temen quedarse obsoletos y descubren que todavía tienen un papel importante. Algo parecido ocurre con las familias.

Crecer no significa dejar de necesitarlas.

Para finalizar…

Quizás esta historia de juguetes nunca haya hablado realmente de algo material.

Seguramente siempre haya hablado de vínculos, pertenencia, cambios y adaptación.

Cada generación de madres y padres ha pensado que estaba afrontando un desafío completamente nuevo. Sin embargo, el reto sigue siendo el mismo: acompañar el crecimiento sin quedarse atrapado en la nostalgia de la etapa anterior.

Porque los hijos y las hijas cambian.

Y lo seguirán haciendo. «¡Hasta el infinito y más allá!»

Lo importante es que nunca sientan que tienen que cambiar de “familia” para sentirse comprendidos y comprendidas.

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Tenemos como finalidad fundamental la promoción de la parentalidad positiva y el fortalecimiento de las competencias parentales de las familias.

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